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La Nirva: hace seis meses que las y los trabajadores no cobran sus sueldos

La fábrica de los conocidos alfajores 'Grandote' se encuentra parada hace meses. El 80% de sus trabajadores son mujeres, muchas de ellas sostén de hogar exigen el pago de los salarios y la continuidad laboral.

Gabriela Scarpino

Docente Suteba La Matanza|Subdelegada

Sol Lucila Vera Sánchez

Estudiante Ciencia Política UNLaM @solcilula

Lunes 20 de abril | 01:59

La Nirva es el ejemplo de la irracionalidad de los empresarios especuladores como su dueño, Matías Pérez Paradiso. Ligado a Pepe Scioli (hermano del ex candidato a presidente), es responsable de no pagar los salarios y de haber frenado una producción que es considerada esencial durante esta pandemia. Además de haber pagado los sueldos adeudados con cheques sin fondo, una real estafa a sus trabajadores. Previo al inicio de la cuarentena, se realizó un acuerdo en el Ministerio de Trabajo que nuevamente fue incumplido por la empresa.

Esta patronal también en 2019 había parado la producción sin ninguna excusa económica, ya que las ventas se mantenían.

Una de las trabajadoras cuenta sin exponer su nombre por el miedo a que la despidan.“Hace seis meses que no cobramos, que nos descuentan de los recibos pero no están aportando jubilaciones ni obra social y estuvimos trabajando sin ART. Pero en Anses los aportes aparecen. Antes de las fiestas nos dieron 10.000 pesos, un bolsón de mercadería y un cheque a 90 días con las seis quincenas. Pasamos las fiestas y las vacaciones sin un peso y llegando el momento de cobrar el cheque estaba sin fondo, aunque nos hicieron firmarlos como si nos pagaban todo lo adeudado”. Y agrega: “Tenemos dos compañeros con cáncer uno de ellos a punto de jubilarse”.

Otra trabajadora con más de quince años de antigüedad en La Nirva, nos relata que “el miércoles 15 de abril nos entregaron 4000 pesos, una miseria. A eso hay que sumarle los malos tratos en el último mes de producción, cuando se nos hizo trabajar aumentando los ritmos a más no poder y no nos dejaban ir al baño ni para para tomar agua. Solo querían sacar la producción. Nos agregaron tareas pesadas, como levantar cajones. Correr, ir y venir, pero después de eso no supimos más nada”

El sindicato de Pasteleros y las instituciones

Mantener cerrada una fábrica que produce alimentos mientras miles de personas ingresan en la pobreza por la crisis económica y social es un crimen. Es urgente que sean depositados los salarios adeudados y que la fábrica vuelva a producir para garantizar la continuidad de los puestos de trabajo de la empresa. Es el Sindicato de Pasteleros quien tiene que hacerse cargo de pelear por la continuidad de los trabajadores. Pero es el mismo sindicato que permitió los despidos y descuentos en los salarios de decenas de trabajadores de las cadenas de comida rápida, Sindicato de Pasteleros como Mc’donalds, Burger King y Mostaza. Los pibes se organizaron con una gran campaña de denuncia en las redes, dejando en jaque a las empresas y las cúpulas sindicales.

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El intendente Espinoza no se preocupa por las fábricas que cierran y los trabajadores que quedan en la calle, en lugar de eso llena nuestros barrios de gendarmería. El gobernador Kicillof debería aumentar el presupuesto para alimentos, pero destina los recursos al pago de una deuda millonaria. Pese a que se decretó la prohibición de despidos, los empresarios no cumplen y la respuesta a esto es mandar a reprimir a quienes reclaman por sus puestos de trabajo, como en Penta.

La pelea por los salarios y la continuidad laboral

La Nirva podría jugar un rol fundamental produciendo alimentos en un municipio como La Matanza, dónde los niveles de pobreza son altísimos. Siguiendo el ejemplo de Madygraf, que en zona norte pusieron a producir la fábrica bajo control obrero y hoy están elaborando lo necesario para enfrentar esta pandemia.

Pero es evidente que los empresarios prefieren que la reconocida fábrica de alfajores Grandote sea parte de la maquinaria inutilizada, en lugar de ponerla al servicio de la población que tiene hambre. Es totalmente irracional el cierre de una fábrica de producción alimenticia mientras miles de familias recurren a las escuelas en busca de los bolsones de alimentos, que son insuficientes en cantidad y en calidad nutricional.

No se puede permitir que los empresarios sigan descargando la crisis sobre nuestras espaldas. Son medidas de autodefensa ante los ataques que los patrones vienen llevando con suspensiones, despidos, cierres y rebaja salarial. Es fundamental la lucha por los puestos de trabajo y por volver a poner en funcionamiento la fábrica, para que la producción esté al servicio de las necesidades de las grandes mayorías y no de los empresarios que en esta pandemia están mostrando que nada le importan nuestras vidas.







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